Rizartrosis: dolor en la base del pulgar, diagnóstico y tratamientos
La rizartrosis es la artrosis de la articulación situada en la base del pulgar, entre el primer metacarpiano y el hueso trapecio. También se denomina artrosis trapeciometacarpiana o de la articulación CMC del pulgar. Esta articulación permite oponer el pulgar y realizar gestos esenciales como abrir un frasco, girar una llave, escribir o sujetar objetos pequeños.
El desgaste visible en una radiografía no siempre coincide con la intensidad de las molestias. Hay personas con cambios radiológicos importantes y poca limitación, y otras con dolor notable en actividades concretas. Por ese motivo, el tratamiento se decide a partir de los síntomas, la exploración y las necesidades funcionales, no solo por la imagen.
Dónde se localiza el dolor
El dolor suele aparecer en la base del pulgar, cerca de la muñeca. Puede aumentar al hacer pinza, apretar, desenroscar tapas, usar tijeras o mantener un teléfono. Algunas personas notan pérdida de fuerza, sensación de inestabilidad o dificultad para separar el pulgar de la palma.
En fases de irritación puede haber sensibilidad al tocar la zona o una discreta inflamación. Con la evolución pueden aparecer cambios en la forma del pulgar y compensaciones en articulaciones vecinas. Sin embargo, el dolor en esa región también puede proceder de tendones, ligamentos, nervios u otras articulaciones. Localizarlo con precisión ayuda a evitar diagnósticos basados únicamente en la edad o en una radiografía.
Cómo se realiza el diagnóstico
La historia clínica identifica qué gestos desencadenan el dolor, desde cuándo ocurre y cómo afecta a las actividades. También interesa saber si hubo traumatismos, si existen otras articulaciones afectadas, qué tratamientos se han probado y cuál es la mano dominante.
Durante la exploración se observa la posición del pulgar, la movilidad, la estabilidad y la fuerza de pinza. El especialista palpa distintas estructuras y realiza maniobras dirigidas para reproducir las molestias sin forzar la articulación. La comparación con la otra mano puede aportar contexto, aunque ambas pueden estar afectadas en distinto grado.
Las radiografías suelen ser la prueba inicial cuando se necesita confirmar el estado articular. Permiten ver el espacio de la articulación, el hueso y posibles cambios en zonas próximas. La ecografía u otras pruebas pueden resultar útiles si se sospecha una causa diferente o asociada, pero no son necesarias en todos los casos.
Qué objetivos tiene el tratamiento
El objetivo no consiste en “borrar” los cambios radiológicos. Se busca reducir el dolor, conservar una pinza útil y facilitar las actividades importantes para la persona. El plan puede cambiar con el tiempo: una fase dolorosa puede controlarse y permanecer estable durante periodos prolongados.
La intensidad del tratamiento debe guardar relación con la repercusión funcional. Una persona que solo nota molestias ocasionales puede necesitar educación y ajustes sencillos. Cuando el dolor impide tareas cotidianas a pesar de medidas conservadoras bien realizadas, se valoran otras opciones.
Adaptación de actividades y ayudas
Reducir temporalmente los gestos que provocan una reagudización no significa dejar de utilizar la mano. Puede ser útil distribuir la carga, usar ambas manos para objetos pesados y elegir mangos más anchos. Los abridores, utensilios adaptados y bolígrafos de mayor diámetro disminuyen la fuerza de pinza necesaria.
Una férula puede sostener la base del pulgar durante actividades molestas o en periodos indicados. Existen modelos rígidos y flexibles con funciones distintas. Debe ajustarse bien para evitar presión en la piel y no conviene utilizarla de forma continua sin orientación, porque la mano necesita mantener movilidad y fuerza.
La terapia de mano enseña protección articular, ejercicios y estrategias adaptadas al trabajo o a las tareas domésticas. Los ejercicios no deben copiarse sin valorar la fase clínica, ya que una pauta útil para mejorar estabilidad puede irritar una articulación inflamada si se ejecuta con demasiada carga.
Medicación e infiltraciones
Los analgésicos o antiinflamatorios pueden formar parte del tratamiento según los antecedentes y la indicación médica. Las cremas o geles de aplicación local se consideran en algunas personas. La elección debe tener en cuenta otros medicamentos, enfermedades digestivas, renales, cardiovasculares y posibles alergias.
Una infiltración puede ofrecer alivio temporal en casos seleccionados, pero no reconstruye el cartílago ni garantiza una duración determinada. Antes de indicarla se confirma que el dolor procede de esa articulación y se explican beneficios, riesgos y alternativas. La respuesta previa a otros tratamientos también forma parte de la decisión.
Cuándo se habla de cirugía
La cirugía se considera cuando el dolor y la pérdida de función siguen siendo relevantes después de un tratamiento conservador adecuado. No se indica solo porque una radiografía muestre artrosis avanzada. Importan la edad funcional, las actividades, la estabilidad de las articulaciones vecinas y las expectativas.
Existen diferentes técnicas. La trapeziectomía retira el trapecio para evitar el contacto doloroso de la articulación deteriorada y puede combinarse con procedimientos sobre tendones o ligamentos según el caso. La artrodesis fusiona la articulación para obtener estabilidad a costa de movimiento. En personas seleccionadas puede valorarse una prótesis. La indicación y los resultados esperables varían, y ninguna técnica es universalmente mejor para todos los pacientes.
La conversación preoperatoria debe explicar qué se espera mejorar, qué limitaciones pueden persistir y cómo será la rehabilitación. El alivio del dolor puede requerir tiempo. La fuerza de pinza y la movilidad evolucionan de forma gradual, y el resultado depende también del estado previo y de otras articulaciones.
Recuperación después de una intervención
El tipo de inmovilización y su duración dependen de la técnica. Después suele haber una fase de protección seguida de movilidad progresiva y, cuando corresponde, fortalecimiento. La terapia de mano puede ayudar a controlar la inflamación, cuidar la cicatriz y recuperar gestos funcionales.
Es importante preparar las actividades diarias antes de la operación: ropa fácil de colocar, ayuda para cocinar o conducir y adaptación temporal del trabajo. Las instrucciones generales de internet no sustituyen el protocolo entregado por el equipo quirúrgico. En Consejos a pacientes existen documentos relacionados, pero cada paciente debe seguir las indicaciones de su intervención concreta.
Cuándo pedir una valoración
Conviene consultar si el dolor persiste varias semanas, limita tareas habituales, interrumpe el sueño o se acompaña de pérdida de fuerza progresiva. También debe revisarse si hubo un traumatismo, si aparece entumecimiento mantenido o si el pulgar cambia de posición rápidamente. Una articulación roja, muy caliente y con malestar general requiere una valoración más urgente porque puede tener otras causas.
Para aprovechar la consulta puede llevarse una lista de actividades problemáticas, tratamientos probados, radiografías previas e información sobre medicación. La página de cirugía de mano describe el ámbito de atención, y desde Pedir cita puede solicitarse una valoración.
Preguntas frecuentes sobre rizartrosis
¿Tener rizartrosis significa que necesitaré una operación?
No. Muchas personas controlan los síntomas con adaptación de actividades, férula, terapia de mano y tratamiento médico. La cirugía se reserva para limitaciones persistentes que justifican sus riesgos y recuperación.
¿Una radiografía peor obliga a operar?
No necesariamente. Las imágenes se interpretan junto con el dolor, la función y la exploración. El grado radiológico y la intensidad de las molestias pueden no coincidir.
¿La férula debe llevarse todo el día?
Depende del tipo de férula y del objetivo. A menudo se utiliza durante actividades que provocan dolor o durante periodos definidos. El ajuste y la pauta deben individualizarse.
¿Cuánto tarda la recuperación quirúrgica?
Varía según la técnica, la mano, el trabajo y la evolución. Suele incluir semanas de protección y una recuperación progresiva durante varios meses. El equipo debe concretar las restricciones de cada fase.
Fuentes consultadas
- Gloucestershire Hospitals NHS: artrosis en la base del pulgar
- Cambridge University Hospitals: información después de una trapeziectomía
- Kent Community Health NHS: artritis de mano y muñeca
Este contenido ofrece información general y no sustituye el diagnóstico ni las recomendaciones de los profesionales que conocen cada caso.

